martes, 1 de agosto de 2017

NEYMAR

 

  Parece que se va. Seguro. La Leona ya lo había anunciado.
     Mago del balón, como casi todos los brasileños, rematador pasable, forma física, atrevido, valiente. Y sin embargo, si fuera simpatizante culé, que no lo soy, me alegraría de su marcha.
     En el futbol moderno ya no hay amor a unos colores, a un escudo, (por mucho que muchos le den besos), y Ney (y su padre) han ido de cara a la pela (o al euro, o al dólar). Ha preferido la pela a los títulos (porque ya veremos cuántos gana el PSG). En cierta manera, lógico, pues el jugador debe tener un enorme despilfarro en peluquería y diseño.
     Lo ridículo es el tiempo que ha pasado entre su deseo de irse, y su confirmación. Aunque lo entiendo: el Barcelona debía consultar a su legión de abogados (¿cuánto gasta anualmente el club en asesoramiento?), el jugador (padre e hijo, se ignora si también el Espíritu Santo) esperaba que el club le hiciera un suculento aumento de sueldo, y la prensa tenía titulares para no morir de aburrimiento en épocas de vacas flacas.
     El Barcelona sólo ha fallado en sus amenazas al club francés: que si te voy a denunciar, que en caja no tienes suficiente dinero para abonar los 222 millones, que si tal y si cual. !Coge los millones y deja que se vaya!
     En cambio, tiene toda la razón en negarse (de momento) a pagar al padre los 25 millones por haber renovado Neymar apenas hace medio año. !Se necesita carota para cobrar por un premio (una gracia) que no se produce.
     Y sólo una pregunta en el aire. ¿Cuando venga el PSG de  visita en el camp Nou, ¿se le tirará otro cochinillo, o esta vez será una vaca?

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